Pobreza crónica en la Argentina

 

En los últimos 30 años, la tasa de pobreza medida por ingresos nunca fue menor al 25%. El último dato dado a conocer por el Indec es del segundo semestre del año pasado y asciende al 32%, es decir, 14,3 millones de personas en todo el país. Pero dentro de este número, que puede subir o bajar levemente producto de la evolución del PBI, existe un núcleo duro de pobreza difícil de erradicar y que alcanza al 10% de la población que vive en los hogares más vulnerables, y que ascienden a 2,7 millones de personas ¿Qué características tienen y qué políticas podrían ser útiles para sacarlos de esa situación?

De acuerdo con un informe presentado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de La Plata, y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), casi la mitad de las personas en situación de pobreza crónica tiene menos de 15 años; el 70% tiene un nivel educativo bajo, y los trabajos de los adultos son precarios y sin aportes a la seguridad social y cobertura de salud.

El informe se titula «El desafío de la pobreza en la Argentina: diagnóstico y perspectivas«, y analiza justamente cómo es la realidad de las personas que se encuentran en situación de pobreza crónica y que, por ende, tienen menos posibilidad de superar este estado, incluso en momentos de bonanza económica.

 Casi la mitad de las personas en situación de pobreza crónica tiene menos de 15 años; el 70% tiene un nivel educativo bajo, y los trabajos de los adultos son precarios y sin aportes a la seguridad social y cobertura de salud

 

Las principales características de estos hogares son las siguientes:

Edad: el 47,9% son niños menores de 15 años, mientras que sólo el 0,5% de los pobres crónicos supera los 65 años.

Hogar: El tamaño promedio del hogar en pobreza crónica es de 6,1 personas, con un promedio de 2,5 niños menores de 12 años. El 43,4% tiene jefatura femenina.

Condiciones habitacionales: El 98,5% de los pobres crónicos accede a agua corriente, pero sólo el 63,4% tiene baño con retrete con descarga de agua y apenas el 28,9% tiene acceso a cloacas.

Educación: Casi el 70% de los pobres crónicos tiene un nivel educativo bajo (menos de nueve años de educación) y prácticamente ninguno posee un nivel educativo superior (más de 12). Sólo el 89,3% de los jóvenes entre 13 y 17 años asiste a la escuela mientras esta cifra se eleva al 100% para los jóvenes en situación de menor vulnerabilidad.

Empleo: Según el informe, la mayoría de los adultos en estado de pobreza crónica trabaja. Pero su inserción en el mercado laboral se da en condiciones más precarias: un 35% declara no tener trabajo fijo, y pocos tienen un empleo con derecho a jubilación (33%) y seguro de salud (36%). A su vez, la participación laboral es mucho menor en los jóvenes y mujeres que se encuentran en pobreza crónica en comparación con el resto de la población.

Rebote de las crisis

De acuerdo con el documento, entre 1983 y el 2018, «la pobreza sólo disminuyó en el rebote de las dos crisis macroeconómicas profundas que vivió el país y en el período de excepcionales circunstancias externas durante parte de los 2000″. Durante ese lapso, el PBI per cápita creció a menos del 1% mensual, situación que no posibilitó que la pobreza pueda reducirse de un modo consistente.

Sin embargo, entre 2003 y 2018 hubo una clara reducción de la pobreza multidimensional, que mide aspectos que exceden lo monetario y que tienen que ver con el nivel de vida de la persona y su acceso a bienes, servicios y derechos.

Según el informe, el crecimiento es condición necesaria pero no suficiente para erradicar la pobreza. Con un crecimiento del PBI per cápita del 1%, la pobreza caería a 27% en cinco años (respecto del 2018); a 24,5% en diez años y a 20% en 20 años. Con una suba del producto del 3% anual, la pobreza caería del 30% a 25,8% en 5 años y a 16% en diez años, mientras que si la economía creciera al 5%, la reducción sería mucho más drástica: la pobreza pasaría del 30% a cerca del 20% en 2023.  «Es decir, sólo en un escenario de crecimiento sostenido a tasas altas durante dos décadas, la pobreza de ingresos quedaría reducida a un grupo poblacional pequeño»,  plantea el estudio.

«Es necesario mucho más que sólo crecimiento para reducir la pobreza, y mucho más para atacar la pobreza crónica», afirmó  la directora de Protección Social del Cippec, Gala Díaz Langou, quien destacó los avances que hubo en los últimos años para garantizar las múltiples dimensiones que hacen a la calidad de vida de las personas, pero remarcó que «hay que potenciar esos logros».

Gracias por compartir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.