El Gobierno apura un «canje amigable» para reducir la presión sobre el riesgo país y el dólar

Sin quita de capital ni de cupones de intereses, el canje anunciado por el Gobierno procura ser «amigable» con el mercado. Si sale bien, los inversores solo sufrirán un alargamiento de plazos para cobrar, lo que representa el mal menor. Es decir: es el mejor escenario posible en medio de fuertes tensiones financieras y cambiarias que atraviesa la Argentina.

El precio actual de los bonos, tras el tremendo derrumbe sufrido post PASO, ya presagiaba un escenario de reestructuración de la deuda o, cómo prefirió ayer expresar el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, un «reperfilamiento» de plazos.

La clave del canje que se buscará llevar adelante con el visto bueno del Congreso es despejar los vencimientos de corto plazo que tiene por delante la próxima administración. El más importante es el del Bonar 2020, que obligará a pagar cerca de USD 2500 millones en octubre del año próximo. Si se logra una buena aceptación a partir de las nuevas condiciones propuestas, el panorama de los futuros vencimientos quedaría muy despejado para el próximo gobierno, al menos en materia de vencimientos de deuda.

El Bonar 2020 cotizaba a USD 93 antes de las PASO pero ayer ya había caído a 51, ofreciendo un rendimiento superior a 50% en dólares. La cotización refleja la expectativa de una enorme quita de capital en una eventual reestructuración. Cualquier quita menos agresiva sería bienvenida por los actuales tenedores de bonos.

Ya Alberto Fernández y su mano derecha económica, Guillermo Nielsen, se habían manifestado en contra de declarar un default, pero también habían dejado trascender la necesidad de establecer un «compás de espera» para los bonistas. Algo muy parecido a lo que propuso ayer el ministró de Hacienda.

La propuesta tiene varios escollos por delante. Se descuenta que todo está avalado por el FMI, que habría puesto como condición del nuevo desembolso este alargamiento de los vencimientos de deuda. Luego será el Congreso el que deberá aprobar la propuesta, pero para eso será necesario el visto bueno del kirchnerismo.

Con un riesgo país arriba de los 2000 puntos, era casi imposible para el próximo gobierno contar con margen de maniobra para salir a refinanciar los vencimientos que tenia por delante.

Un canje exitoso debería justamente aliviar los pagos de deuda de la futura administración. Además, le «ahorra» el trabajo al próximo gobierno y despejaría del horizonte el peor escenario, que es el de default total y una reestructuración como la que se llevó adelante en 2005.

Grandes bancos internacionales ya se habían contactado con los referentes económicos de Frente de Todos para empezar a negociar propuestas de canje de la deuda pública. Ahora es el Gobierno de Mauricio Macri quien decide adelantar los tiempos.

Para que todo esto funciona los mercados deberán confiar en un manejo razonable de las cuentas públicas del próximo gobierno, que descuentan será el de Alberto Fernández.
Si, por ejemplo, se profundiza el déficit fiscal luego del esfuerzo de estos dos últimos años por achicar el rojo de las cuentas públicas, tampoco habrá canje que aguante.

 

 

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